viernes, 2 de marzo de 2012

La invención de Morel


La invención de Morel es una de las grandes novelas argentinas, escritas durante el siglo XX. Fue publicada en 1940, de la mano del escritor Bioy Casares. Es su obra, tal vez, más importante, de todos los que él ha publicado. En el prólogo de dicha novela, el escritor explica que la trama no se parece “una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”.
La trama trata la historia de un fugitivo que inicia un diario, después de que unos turistas lleguen a la isla, donde él está escondido. Aunque él ve la llegada de los mismos como un milagro, el tiene miedo de que estos nuevos visitantes lo puedan atrapar y que lo entreguen a las autoridades. Por ello, decide refugiarse en los pantanos, cuando ellos ocupan el museo que se encuentra en la cima de la colina, que es el lugar dónde él vivía, hasta ese momento. A través de su diario, podemos descubrir como el fugitivo es, en realidad, un escritor venezolano, que ha sido sentenciado a cadena perpetua.
Él piensa que está en una isla imaginaria, a la que llama Villings, que pertenece a un archipiélago, que forma parte del archipiélago de las islas Ellice (donde está el actual Tuvalu), aunque no está al 100% seguro. Sólo sabe que en la isla hay una extraña enfermedad, cuyos síntomas se parecen mucho a un envenenamiento por radiación. Entre los turistas hay una mujer que observa el atardecer, cada día, desde el acantilado, que se encuentra al oeste de dicha isla. Él empieza a espiarla y acaba enamorándose de ella.
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Adolfo Bioy Casares o la Invención de Morel (IV)


“La invención de Morel” nos muestra otro hecho que Bioy compartia con su gran amigo: veían el amor como un género fantástico y, sobre todo, la exhumación de la trama de los relatos, sobre la parte descriptiva. Esto hizo que se fijara en el género policial, para poder crear sus obras. El mismo año que logró al mercado “La invención de Morel”, Bioy Casares, junto a Silvina Ocampo, llega a publicar su famosa Antología de la literatura fantástica. En palabras del autor, sobre esta antología: “Los compiladores de esta antología creíamos entonces que la novela, en nuestro país y en nuestra época, adolecía de una grave debilidad en la trama, porque los autores habían olvidado lo que podríamos llamar el propósito primordial de la profesión: contar cuentos. (...) Porque requeríamos contrincantes menos ridículos, acometimos contra las novelas psicológicas, a las que imputábamos deficiencia de rigor en la construcción. (...) Como panacea recomendábamos el cuento fantástico”. Para poder entender la literatura argentina, que se escribió durante el siglo XX, Bioy Casares es un escritor fundamental. Hay que recordar que estamos antes un autor que es completamente original, que logró influir y sufrió una gran influencia sobre su gran amigo. Por desgracia, su obra fue considerada de segunda, en muchas ocasiones, a favor de la obra de Jorge Luis Borges. Entre sus novelas más importantes tenemos: Plan de evasión (1945), El sueño de los héroes (1954), Dormir al sol (1973)...
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Adolfo Bioy Casares o la Invención de Morel (III)


Otro elemento muy importante, dentro de la obra de este gran escritor argentino, es el elemento erótico. La pasión amorosa es una pieza fundamental en sus escritos, eso sí, visto desde un punto de vista irónico, ya que el amor es visto no como algo sublime, sino como algo fatal. Las relaciones, en su obra, se presenta como algo parecido al mítico amor cortés, aunque las amadas son descritas como seres tenebrosos, que son superiores a los hombres. Se piensa que tiene que ver con el verdadero carácter del escritor, que era un hombre de un carácter muy enamoradizo, que hizo que tuviera muchas sombras. Incluso, Octavio Paz lo llegó a describir de esta manera: “El amor —en Bioy Casares— es una percepción privilegiada, la más total y lúcida, no sólo de la irrealidad del mundo, sino de la nuestra”. Aunque ya había publicado otras obras, la verdadera etapa dorada se inició en el año 1940, cuando publica su novela más importante, “La invención de Morel”. En ella trata la historia de un prófugo que logra escapar a una isla, que se piensa que está infectada por una enfermedad letal. Cuando se inicia su etapa en la misma, pierde todo el sentido con la realidad y se da cuenta de que en la isla viven personajes, que él mismo había creado con una máquina inventada por él. Dichas imágenes de los personajes, con acciones que se repiten una y otra vez, provoca que el prófugo termine casi loco. También, H.G. Wells llegó a hablar de esta novela: “En español, son infrecuentes y aún rarisimas las obras de imaginación razonada. (…) La invención de Morel (cuyo título alude filialmente a otro inventor isleño, a Moreau) traslada a nuestras tierras y a nuestro idioma un género nuevo. He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releido; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”.
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Adolfo Bioy Casares o la Invención de Morel (II)


En el año 1932, hubo un antes y un después en su vida, ya que Victoria Ocampo le presentó a Jorge Luis Borges, quien se convertirá en un gran amigo y con quien va a colaborar en varios relatos policiales, con diversos pseudónimos, entre los más famosos tenemos el de Honorio Bustos Domecq. Entre los numerosos premios que recibió, a lo largo de su carrera, nos encontramos con la membresía de la Legión de Honor francesa, en el año 1981; fue nombrado como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, en el año 1986; el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes, en el año 1990 y el Premio Konex de Brillante, en 1994. Sus restos se pueden visitar en el Cementerio de la Recoleta. El mundo imaginario de este escritor estaba formado por fantasías y en acontecimientos, que no eran fáciles de explicar, aunque también solía aludir al ambiente intelectual de Buenos Aires. Su estilo era depurado y clásico y su literatura nos podía ofrecer una versión paródica del tradicional relato fantástico o policíaco, que se basa en observar lo irreal, eso sí, desde el enfoque de unas lentes humorísticas. Los elementos básicos de esta literatura son, primero, lo cómico y, después, los aterradores. Además, el carácter de los personajes que nos muestra es insensato e incompetente. Por todo esto, su narraciones son conocidas como “comedias fantásticas”.
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Adolfo Bioy Casares o la Invención de Morel


Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, el 15 de septiembre del año 1914 y falleció, en dicha ciudad, el 8 de marzo de 1999. Este famoso escritor argentino logró la fama gracias a sus obras de literatura fantástica, policial y de ciencia ficción, y que logró buena parte de su éxito gracias a su amistad con Jorge Luis Borges, con quién colaboró en diversas obras literarias, en algunas ocasiones. Pero, no debemos pensar que su obra es importante, por sí sola, por que sería cometer un error. Incluso, su gran amigo lo consideraba uno de los grandes, entre los escritores argentinos. También, logró el apoyo de la crítica, ya que consiguió, en el año 1990, el premio Miguel de Cervantes.
Bioy nació en la ciudad de Buenos Aires, dentro de una familia acomodada, gracias a lo cual se pudo dedicar a la literatura, sin tener que formar parte del medio literario que le rodeaba, en aquel momento. Con tan sólo 11 años de edad, escribió su primer relato, “Iris y Margarita”. Empezó las carreras de Derecho, Filosofía y Letras, pero no llegó a terminarlas, ya que se sintió muy decepcionado de todo lo que le rodeaba, en el ambiente universitario, se marchó a una residencia, propiedad de su familia donde, como no recibía visitas, pudo volcarse en la lectura, pasando horas y horas leyendo los grandes clásicos de la literatura universal. Con menos de 30 años, hablaba perfectamente el inglés, el francés y el español.
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Se cumplen 30 años de la muerte de Philip K. Dick (II)


Este escritor dijo frases como esta, tan sólo, cinco años antes de fallecer. "Muchas personas aseguran recordar sus vidas anteriores. Yo, por mi parte, afirmo que puedo recordar una vida presente distinta”. Dick llegó a publicar treinta y seis novelas, a lo largo de su vida y cinco colecciones de relatos. En el año 1962, recibió el premio Hugo a la mejor novela, por “El hombre en el castillo” y, en el año 1975, el premio John W. Campbell Memorial, por la que se considera su mejor novela, “Fluyan mis lágrimas, dijo el policía”. Este año, la editorial Minotauro ha decidido recuperar su extensa y su gran obra, por cumplirse 30 años, tras su muerte. Gracias a todos sus trabajos, llegó a perpetuar a lo largo del tiempo y del espacio, tras su muerte. Y, es que sus obras no envejecen gracias a su gran calidad literaria y la maravillosa capacidad de las tramas que relata. Además, gracias a que el cine se ha encargado de adaptar muchas de sus novelas y relatos, se ha convertido no sólo en un clásico de las letras, sino, también, un clásico del cine. Sorprende el hecho de que no fue, hasta el año 1982, cuando su novela “¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas?”, para convertirla en “Blade Runner”, de la mano de Ridley Scott, no llegó hasta el gran público. Y su relato, “Podemos recordarlo todo por usted” fue la fuente de inspiración de la película de 1990, “Desafío total”.
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Se cumplen 30 años de la muerte de Philip K. Dick


Philip K. Dick significó un antes y un después, dentro del mundo de la ciencia- ficción. Y, es que este escritor norteamericano, que se especializó en ciencia ficción, han sido la inspiración de grandes éxitos del cine, como pueden ser Blade Runner, Desafío Total o, incluso, Minority Report. Pero, ahora que se cumplen 30 años de su muerte, ya hay personas que, dejando a un lado las barreras de este género, lo ven como uno de los escritores básicos del siglo XX. Además, para muchas personas, Philip K. Dick ha sido una gran revelación. Dick nació en Chicago, el 16 de diciembre del año 1928; pero, vivió la mayor parte de su vida en California. Fue un escritor precoz y fue en el año 1952 cuando decidió que la literatura iba a ser su profesión. Uno de sus primeros trabajos, llegó a las tiendas en 1959, Tiempo desarticulado, que fue la obra que inspiró a la película protagonizada por Jim Carrey, “El show de Truman”. Ya, durante la década de los sesenta, la duda existencia provocó una nueva etapa en su vida, y su obra “¿qué es lo real?” le llevó a vivir una etapa de drogas y veía su talento como una pluma excéntrica. Desde ese momento, este escritor se convirtió en un apóstol del LSD, tanto, que es visto como un gurú de la contracultura de la época. Sus novelas, las obras que escribió en aquellos años, suelen girar alrededor de una fina frontera entre la revelación y la locura, llegando a convertirse en una especie de Biblia psicódelica, para los jóvenes de aquellos años.
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