“La invención de Morel” nos muestra otro hecho que Bioy compartia con su gran amigo: veían el amor como un género fantástico y, sobre todo, la exhumación de la trama de los relatos, sobre la parte descriptiva. Esto hizo que se fijara en el género policial, para poder crear sus obras. El mismo año que logró al mercado “La invención de Morel”, Bioy Casares, junto a Silvina Ocampo, llega a publicar su famosa Antología de la literatura fantástica. En palabras del autor, sobre esta antología: “Los compiladores de esta antología creíamos entonces que la novela, en nuestro país y en nuestra época, adolecía de una grave debilidad en la trama, porque los autores habían olvidado lo que podríamos llamar el propósito primordial de la profesión: contar cuentos. (...) Porque requeríamos contrincantes menos ridículos, acometimos contra las novelas psicológicas, a las que imputábamos deficiencia de rigor en la construcción. (...) Como panacea recomendábamos el cuento fantástico”. Para poder entender la literatura argentina, que se escribió durante el siglo XX, Bioy Casares es un escritor fundamental. Hay que recordar que estamos antes un autor que es completamente original, que logró influir y sufrió una gran influencia sobre su gran amigo. Por desgracia, su obra fue considerada de segunda, en muchas ocasiones, a favor de la obra de Jorge Luis Borges. Entre sus novelas más importantes tenemos: Plan de evasión (1945), El sueño de los héroes (1954), Dormir al sol (1973)...
Foto: fuente
Mostrando entradas con la etiqueta Adolfo Bioy Casares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adolfo Bioy Casares. Mostrar todas las entradas
viernes, 2 de marzo de 2012
Adolfo Bioy Casares o la Invención de Morel (III)
Otro elemento muy importante, dentro de la obra de este gran escritor argentino, es el elemento erótico. La pasión amorosa es una pieza fundamental en sus escritos, eso sí, visto desde un punto de vista irónico, ya que el amor es visto no como algo sublime, sino como algo fatal. Las relaciones, en su obra, se presenta como algo parecido al mítico amor cortés, aunque las amadas son descritas como seres tenebrosos, que son superiores a los hombres. Se piensa que tiene que ver con el verdadero carácter del escritor, que era un hombre de un carácter muy enamoradizo, que hizo que tuviera muchas sombras. Incluso, Octavio Paz lo llegó a describir de esta manera: “El amor —en Bioy Casares— es una percepción privilegiada, la más total y lúcida, no sólo de la irrealidad del mundo, sino de la nuestra”. Aunque ya había publicado otras obras, la verdadera etapa dorada se inició en el año 1940, cuando publica su novela más importante, “La invención de Morel”. En ella trata la historia de un prófugo que logra escapar a una isla, que se piensa que está infectada por una enfermedad letal. Cuando se inicia su etapa en la misma, pierde todo el sentido con la realidad y se da cuenta de que en la isla viven personajes, que él mismo había creado con una máquina inventada por él. Dichas imágenes de los personajes, con acciones que se repiten una y otra vez, provoca que el prófugo termine casi loco. También, H.G. Wells llegó a hablar de esta novela: “En español, son infrecuentes y aún rarisimas las obras de imaginación razonada. (…) La invención de Morel (cuyo título alude filialmente a otro inventor isleño, a Moreau) traslada a nuestras tierras y a nuestro idioma un género nuevo. He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releido; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta”.
Foto: fuente
Adolfo Bioy Casares o la Invención de Morel (II)
En el año 1932, hubo un antes y un después en su vida, ya que Victoria Ocampo le presentó a Jorge Luis Borges, quien se convertirá en un gran amigo y con quien va a colaborar en varios relatos policiales, con diversos pseudónimos, entre los más famosos tenemos el de Honorio Bustos Domecq. Entre los numerosos premios que recibió, a lo largo de su carrera, nos encontramos con la membresía de la Legión de Honor francesa, en el año 1981; fue nombrado como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, en el año 1986; el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes, en el año 1990 y el Premio Konex de Brillante, en 1994. Sus restos se pueden visitar en el Cementerio de la Recoleta. El mundo imaginario de este escritor estaba formado por fantasías y en acontecimientos, que no eran fáciles de explicar, aunque también solía aludir al ambiente intelectual de Buenos Aires. Su estilo era depurado y clásico y su literatura nos podía ofrecer una versión paródica del tradicional relato fantástico o policíaco, que se basa en observar lo irreal, eso sí, desde el enfoque de unas lentes humorísticas. Los elementos básicos de esta literatura son, primero, lo cómico y, después, los aterradores. Además, el carácter de los personajes que nos muestra es insensato e incompetente. Por todo esto, su narraciones son conocidas como “comedias fantásticas”.
Foto: fuente
Adolfo Bioy Casares o la Invención de Morel
Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, el 15 de septiembre del año 1914 y falleció, en dicha ciudad, el 8 de marzo de 1999. Este famoso escritor argentino logró la fama gracias a sus obras de literatura fantástica, policial y de ciencia ficción, y que logró buena parte de su éxito gracias a su amistad con Jorge Luis Borges, con quién colaboró en diversas obras literarias, en algunas ocasiones. Pero, no debemos pensar que su obra es importante, por sí sola, por que sería cometer un error. Incluso, su gran amigo lo consideraba uno de los grandes, entre los escritores argentinos. También, logró el apoyo de la crítica, ya que consiguió, en el año 1990, el premio Miguel de Cervantes.
Bioy nació en la ciudad de Buenos Aires, dentro de una familia acomodada, gracias a lo cual se pudo dedicar a la literatura, sin tener que formar parte del medio literario que le rodeaba, en aquel momento. Con tan sólo 11 años de edad, escribió su primer relato, “Iris y Margarita”. Empezó las carreras de Derecho, Filosofía y Letras, pero no llegó a terminarlas, ya que se sintió muy decepcionado de todo lo que le rodeaba, en el ambiente universitario, se marchó a una residencia, propiedad de su familia donde, como no recibía visitas, pudo volcarse en la lectura, pasando horas y horas leyendo los grandes clásicos de la literatura universal. Con menos de 30 años, hablaba perfectamente el inglés, el francés y el español.
Foto: fuente
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


